15 de marzo de 2025
La cerámica es uno de los materiales más abundantes en los yacimientos arqueológicos. Su estudio permite establecer cronologías, identificar rutas comerciales y comprender prácticas cotidianas de civilizaciones pasadas. En esta guía detallamos el proceso de clasificación que aplicamos en campo.
Una vez extraídos los fragmentos, se realiza una limpieza superficial con cepillos de cerdas suaves y agua destilada. Se separan por tipo de pasta: cerámica común, fina, vidriada y de cocción reductora. Cada grupo se coloca en bolsas etiquetadas con el código de la unidad de excavación.
Se examinan bordes, bases y asas para determinar la forma original del recipiente. La presencia de decoración —incisa, estampada o pintada— se registra en fichas estandarizadas. Utilizamos calibradores digitales para medir diámetros y grosores con precisión milimétrica.
Cada fragmento significativo se fotografía con escala gráfica y se vincula a sus coordenadas UTM mediante un dispositivo GPS de alta precisión. Este paso es crucial para reconstruir la distribución espacial de los hallazgos dentro del yacimiento.
“La cerámica no miente: cada fractura cuenta una historia de uso, abandono y redescubrimiento.”
Los datos se ingresan en una base de datos relacional que incluye campos para tipo de pasta, color Munsell, tratamiento superficial, grosor y decoración. Las piezas se almacenan en bandejas de polietileno con separadores de espuma, garantizando su conservación a largo plazo.
5 de marzo de 2025
Uso de drones y globos cautivos para identificar estructuras ocultas bajo la superficie.
10 de marzo de 2025
Técnicas de tamizado para recuperar pequeños fragmentos óseos y líticos.
Las más comunes incluyen la prospección sistemática a pie, el uso de fotografía aérea con drones de baja altitud y el análisis de imágenes satelitales. Estas permiten identificar anomalías en el terreno sin necesidad de excavar.
Se clasifican según su material (cerámica, metal, piedra, hueso), función (utensilio, adorno, herramienta) y contexto estratigráfico. Cada fragmento se registra con coordenadas geográficas precisas y se fotografía in situ.
Se emplean tamices de malla fina (de 2 a 5 mm) para separar pequeños fragmentos de cerámica, cuentas o restos óseos del sedimento. También se usan cribas vibratorias para procesar grandes volúmenes de tierra de forma eficiente.
Se utiliza un GPS diferencial o estación total para obtener coordenadas UTM con precisión centimétrica. Cada punto se documenta en una ficha de campo junto con la profundidad, el estrato y una descripción detallada del objeto.
Se recomienda cursar estudios en arqueología, historia o antropología, y realizar prácticas de campo supervisadas. También es útil conocer técnicas de dibujo arqueológico, fotogrametría y manejo de SIG (Sistemas de Información Geográfica).
El proceso puede durar desde semanas hasta meses, dependiendo del volumen de material. Incluye limpieza, restauración básica, identificación tipológica, datación relativa y digitalización de los datos en bases especializadas.