Arqueología de Campo
La prospección arqueológica es el primer paso para descubrir vestigios enterrados. En este artículo detallamos las metodologías más eficaces para localizar y clasificar fragmentos históricos en excavaciones terrestres, combinando técnicas tradicionales con herramientas modernas.
El uso de drones equipados con cámaras de alta resolución permite identificar anomalías en el terreno que delatan estructuras ocultas. Las variaciones en la vegetación, conocidas como marcas de cultivo, revelan patrones de muros, fosas o cimientos. Esta técnica no invasiva reduce el tiempo de exploración y minimiza el impacto sobre el yacimiento.
Una vez delimitada el área de interés, el cribado sistemático de sedimentos es esencial para recuperar pequeños fragmentos. Utilizamos tamices de malla fina (2–4 mm) para separar restos óseos, semillas carbonizadas y microlitos. Este proceso, aunque laborioso, garantiza que ningún objeto significativo pase desapercibido.
La clasificación tipológica de fragmentos cerámicos se basa en el grosor de las paredes, el tipo de desgrasante y las decoraciones. Para objetos metálicos, la conservación diferencial exige un registro fotográfico detallado y la medición de la corrosión. Cada pieza se etiqueta con un código único que vincula su posición tridimensional en el yacimiento.
El uso de estaciones totales y GPS diferencial permite asignar coordenadas precisas a cada hallazgo. Estos datos se integran en sistemas de información geográfica (SIG) para generar mapas de densidad y planificar futuras campañas. La exactitud en el registro es crucial para la interpretación estratigráfica y la publicación científica.